Lo pregunté con tanta ingenuidad... casi sin creer en lo que estaba diciendo. Nadie pudo negarlo, porque todos ellos, sintieron, aunque sea por unos segundos la necesidad de desaparecer. La tranquilidad de deambular por las calles, sabiendo que nadie nos mira. La satisfacción de oír a otros discutir, sin querer ganar. Lo pregunté y nadie pudo negarlo, todos quisimos ser invisibles y aún lo estamos intentando.
En aquella curva donde el Sol se despedía, le permití al silencio existir. En aquella curva donde ahora sólo había oscuridad, exhalé hasta que no quedó nada. La palabra sólo podía inscribirse en el silencio, era él quien la hacía posible. En resumidas cuentas, lo lleno existía gracias a todo aquello que estaba vacío. Exhalé hasta encorvarme como las ramas pero ya no quedaban palabras. Le permití al silencio existir porque las palabras sólo llevarían a la acción. Le permití al silencio existir porque la acción llevaría a la repetición. En aquella curva, me quedé quieta y sólo escuché mi respiración.
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