En aquella curva donde el Sol se despedía, le permití al silencio existir. En aquella curva donde ahora sólo había oscuridad, exhalé hasta que no quedó nada. La palabra sólo podía inscribirse en el silencio, era él quien la hacía posible. En resumidas cuentas, lo lleno existía gracias a todo aquello que estaba vacío. Exhalé hasta encorvarme como las ramas pero ya no quedaban palabras. Le permití al silencio existir porque las palabras sólo llevarían a la acción. Le permití al silencio existir porque la acción llevaría a la repetición. En aquella curva, me quedé quieta y sólo escuché mi respiración.
Nuestro juego era como un panóptico sin salida. Yo te miraba desde arriba, por esa razón nunca me veías. Los aullidos que llegaban a tus oídos no eran precisamente mi voz, pero la última vez que supe mirarte a los ojos, te aconsejé que los oyeras como advertencia. ¿Te guiarían? Nunca. Nuestro juego era como una cárcel a puertas abiertas. Yo te miraba porque habías decidido quedarte, para que me vieras. La tinta en el papel no reflejaba por completo mis pensamientos, pero se había nutrido durante muchos años de todo ese odio que un día te devolvería. ¿Tendría piedad? Algún día. Nuestro final era palpable y por momentos muy cierto. Bajamos la mirada porque el horizonte no tenía nada que ofrecernos. Los días nos enseñaron a elegir, a tener un lado en el cual estar. Ya no tenía ojos, pensamientos, ni años, ya nada te devolvería. Aprendí a dejar ir lo que no quería.
L a cuarentena me está haciendo pensar, cosas que tal vez antes no había tenido el tiempo de considerar, o la rapidez del mundo en el que vivo no me permitió hacerlo nunca con detenimiento. Cuan importante es la salud mental, y en consecuencia, la fragilidad que representa. Hoy, 28 de Mayo, llevo 74 días en cuarentena, salí varias veces, a comprar el pan, consultas al dermatólogo y análisis, entre otras. L a sensación de salir, después de estar tanto tiempo encerrada, es algo que nunca había experimentado y las cosas conocidas, los recorridos habituales, las compras, el contacto social, parecen estar inundados de pequeños hábitos nuevos, que voy adquiriendo con cuidado y a veces con gusto. Estoy intentando desechar el pánico que a veces se hace presente por las noches, cuando empiezo a pensar qué pasaría si alguno de nosotros se contagia, si no puedo ver nunca más a alguien que amo, si estoy perdiendo mi tiempo o si estoy llevando a cabo un acto heróico quedándome en mi habit...
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